jueves, 5 de junio de 2014

Helvert Barrabás - Crónica 1.


Uróboro


extracto

H.H. comienza a hostigarse de sus días de soledad, masturbándose con viejas revistas pornográficas de los kioskos azules, deambula gran parte del día con su pene en estado de erección, lo cual lo mantiene un tanto preocupado, por ello, al no conseguir a ninguna mujer en su cotidiano, decide requerir los servicios de una meretriz. Para no ir de manera solitaria al lupanar, decide llamar a un amigo, P.P, cocainómano por excelencia y gran bebedor de vino y otros manjares. Hombre de buena facha, calvo y ojos derribados, siempre se encontraba a disposición para hacer chocar las copas. Se reúnen en Nataniel Cox con Alameda un viernes por la noche, alrededor de las 20:00 hrs. considerando que reinaba el invierno, y entran al cabaret The Pipos, piden una botella de pisco y van al lavabo a esnifar un par de gramos de coca. Comienzan a beber, a hablar sempiternamente, a fumar como condenados. Llegan dos chicas de alrededor de veinte años y se sientan con ellos, les sonríen de forma erótica y juegan con la cremallera de sus pantalones, una le susurra en el oído a H.H. que ponga tres billetes de $10.000 en su calzón y la siga hasta una pieza. H.H. obedece. Busca en su cartera tres billetes y los pone jugueteando dónde le ordenaron, mientras le muerde el pezón derecho y con la otra mano le acaricia suavemente la vulva a través de su calzón. Observa a P.P, y ve que tiene a una rubia de 1.50 mts. entre sus piernas, le está introduciendo el dedo índice con suavidad por su vagina desflorada, poniendo el calzón hacía el lado y deslizando la palma de su mano por un monte de Venus rasurado. P.P. mira a H.H. y ambos sonríen con complicidad, una morena de caderas firmes se lleva a H.H. por unos pasillos repletos de puertas, lo introduce en una, y comienza a bailar en la cama mientras H.H. se desnuda. Ella juega con sus pechos sureños, más tarde supo que era oriunda de Osorno, y él se quita la ropa con celeridad, mientras se lanza como un jaguar a la cama dónde ella comienza a practicarle sexo oral, felación, irrumación, la profundidad de una garganta majestuosa, antes de comenzar la penetración, ella saca un condón como por arte de magia y lo deposita en su pene, lo cual produjo, con ayuda de la cocaína, que aquel se emblandeciera. Sus deseos eran arduos, quería como ha de lugar concertar el coito, pero su pene no cedía, al tener contacto con el profiláctico entró como en una clase de pánico, su mente anhelaba con todas las fuerzas penetrar a aquella morena que seguía intentando con su boca lograr una erección, la cual le susurraba que si lo lograba le cedería su ano por el mismo valor cancelado, pero era completamente infructuoso, decidió retirarse con dignidad de la sala, mientras la morena quedó en la cama sumida en pensamientos ajenos. Pero al salir de la habitación, caminando por un pasillo interminable, observa por una puerta semi-abierta, y ve con ojos picaros como la rubia le está practicando sexo oral a P.P. que yace sentado en una silla fumando con los pantalones abajo. Se queda mirando, y siente que la sangre comienza a correr por su cuerpo, lentamente su pene se va poniendo duro otra vez, y comienza a masturbarse en el pasillo, de manera parsimoniosa, hasta cuándo lo estremece un ruido y se percata que viene la morena caminando por el pasillo acomodando sus pechos en el brasier, ella lo mira con desconcierto, pero él se arroja hacia ella como un desesperado, la toma del brazo y la introduce en la habitación dónde está P.P. con la rubia, los cuáles se estremecen ante llegada tan abrupta. Lo que sucedió aquella noche jamás llegó a oídos del autor.

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